La creación espiral de Carles Santos

Josep Ruvira 



¿Qué conduce a un músico a condensar su pensamiento en una obra gráfico poética? Era casi inevitable e imprescindible reunir y colgar las imágenes que tanto tiempo venían asomándose en otras creaciones artísticas. No en vano cada obra se Santos avanza haciendo inventario de ideas precedentes en incorporando nuevos materiales. Todos lo elementos presentes en esta exposición conecta de alguna forma con obras anteriores. El camino recorrido por Carles Santos transita por la música (como intérprete, director o compositor) por las performances, los espectáculos escenico-musicales, los textos poéticos y la obra gráfica.

Hace algún tiempo Carles Santos reconocía su deuda con Joan Brossa: "Mis primeras raíces se encuentran en Brossa". Con él Santos compartió más de un proyecto, además de la ironía del dadaísmo y una fuerte pulsión de surrealismo mediterráneo. Finalmente, la obra santiana se ordena siguiendo la concepción poética de Joan Brossa, para quien "el símbolo de la vida no es un círculo, sino una espiral".

Al igual que Mallarmé, precursor de la palabra en libertad, para Brossa "las palabras son las cosas". Desnudando el lenguaje le otorga una categoría ontológica. Santos, que elabora extensos textos llenos de fuerza , de la fuerza de la blasfemia, pero sin significado convencional (DÉU DE DÉU QUE XUFLEGUES LA MARMOLLA VURIDALL DE CONFLEXIONS RULLERIES I MELASSES...) realiza partiendo de la fonética catalana una operación similar, en la que la forma gráfica cobra también una gran importancia. Pero el imaginario santiano se encuentra, asimismo, poblado de seres inefables y significantes vacíos. Así, en una de sus últimas producciones escénicas, L´esplèndida vergonya del fet mal fet Santos apunta: "que una cosa tenga nombre no significa que exista. Al contrario, muchas cosas existen antes de que se les asigne un nombre."

El lugar de la obra de Santos en donde mayor presencia adquiere el conceptualismo es probablemente en sus films, rodados entre 1967 y 1979. En la mayor parte de ellos, tomando el hecho musical como tema, Santos practica una deconstrucción del lenguaje; en este caso aplicado a código cinematográfico en sus vertientes visual y sonora. En sus primeros films el intercambio de funciones entre significantes de distinta naturaleza consigue provocar esa perplejidad reflexiva que lo emparienta a la obra de Brossa. Uno de sus films, Preludi de Chopin n.18 Op.28 (1974), consiste en un plano fijo, en el que aparece una fotografía con las manos del pianista (él mismo) en el teclado. Esta fotografía va siendo sustituida por una serie de 264 más, que supuestamente sintetizan los movimientos de las manos para la ejecución del Preludio de Chopin n.18. El film carece de sonido. En el primero de sus films, L´àpat (1964) el tema es un banquete en off; una serie de sonidos (ruidos de una botella al ser descorchada, de cubiertos de mesa siendo utilizados, de líquidos vertidos en copas...) se imponen a un plano sin imagen alguna.

Aunque el carácter de Santos siempre ha mantenido la constante de la expansividad en sus manifestaciones artísticas, en contraposición con la relativa austeridad conceptual de sus primeros films, las imágenes que elabora para el teatro y su obra gráfica van cobrando progresivamente mayor exuberancia y tono dramático en el transcurso de su trayectoria y cada vez más se encuentran destinadas a encarnar sus insistentes obsesiones. Éstas toman diferentes formas en sus puestas en escena en las que la intervención plástica de Mariaelena Roqué ha sido decisiva. El barroquismo y el gigantismo y el colorido mediterráneo en la escena irá in crescendo; de tal manera que no es extraño contemplar en sus obras la reproducción de un gran barco, un perro de cinco metros de altura, una pianola que se desplaza sola o la cocina de un restaurante repleta de hortalizas.

El surrealismo patente en Santos se sustenta sobre unos pilares constantes que constituyen sus temas favoritos: la música, la metáfora del castigo - que toma la forma de un sinfín de torturas-, el piano, el mar, la gastronomía y el eterno femenino.

La serie de imágenes con el busto de J.S. Bach se encuentran indisolublemente unidas a su espectáculo La pantera Imperial. Este consiste en una relectura en clave dramática de la obra del compositor de Heinsenach pero sin desvirtuar su música. La figura de Bach (el pequeño busto) aparece siempre impertérrita mezclada en la cotidianeidad de Carles Santos, en el puerto de su ciudad (Vinaròs) entre los huevos de sus aves o en la vagina de Marialena Roqué.

La serie de fotografías que componen La polpa de Sta. Percinia de Claviconia, también se encuentra prefiguradas en otro espectáculo  Figasantos, fagotrop, messatge al contestador...soparém a les nou). Concebida como una serie musical vinculan una vez más la música, simbolizada por el pentagrama de fondo, con la tortura y el dolor. Este tema tiene ecos remotos en films antiguos como El pianista i el Consevatori (1977) donde se realiza una parodia de la dureza del aprendizaje musical.

La presencia del sexo vinculado a la religión en el imaginario santiano tienen una función transgresora y, a la vez, redentora del efecto de las convenciones y tabúes culturales. Se trata, como Luis Buñuel u otros surrealistas mediterráneos, de una exhibición de las perversiones de manera más o menos sutil, así como de desacralizar lo sagrado por medio de su descontextualización. "El erotismo vinculado a la religión, dice Santos, es un privilegio que tienen ciertas culturas por su antigüedad y que recoge una enorme tradición histórica. No todas las culturas pueden hablar de blasfemia como la utilizamos nosotros, los españoles, o los italianos.".

Caligaberot, abunda de manera más clara sobre el tema. Consiste en una propuesta sobre la blasfemia en la que hay cinco blasfemias visuales en cinco fotografías y, además, un texto. La blasfemia (recordemos que hay que entender la palabra como una de las tipologías del pecado) representada iconográficamente tiene cierta tradición; pero su versión oral constituye un hecho enormemente cotidiano. Con su operación textual Santos ha desnudado, tal como Brossa, el lenguaje de contenido para dejarlo en su pura musicalidad. Se trata de hacer música a base de fonética y tonemática. "Yo pienso, apunta Santos, que la blasfemia suena de una forma determinada, y aunque te bases en una u otra lengua todo el mundo entiende que estás blasfemando".

La transversalidad artística de Santos, la extensión de sus ideas artísticas a todos los lenguajes (cine, música, teatro, imagen gráfica, poesía visual...) y su versatilidad para traducirlos de uno a otro, le ha permitido realizar todas las piruetas , arrollar como un tornado e incorporar continuamente elementos a su lenguaje en una creación espiral que nada respeta y nada ignora.


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