A text by Josep Ruvira

NO AL NO

Las maratonianas obras para piano sólo son un género que Carles Santos aborda de vez en cuando. Digo maratonianas y no extensísimas, porque éstas solamente se han enfrentado a la inmediatez del directo. De hecho, tras su última grabación para piano solo, La porca i vibràtica tecluria (1995), Carles Santos no ha vuelto a grabar ni editar ninguna de sus obras de piano. Su método de composición consiste en memorizarlos mientras va construyendo los diferentes temas, de manera que, siguiendo un a modo de guión general, pueda adaptar estas obras a cada uno de sus recitales, haciendo imposible que exista una versión de referencia. No al no sigue en la tradición formal de otras importantes obras pianísticas como Codi o Estigma?. Carles Santos normalmente integra diferentes lenguajes musicales en su discurso pianístico; lenguajes que van del tonalismo clásico al atonalismo dodecafónico, pasando por perfumes impresionistas y secuencias repetitivas, todo ello en aras de una expresividad absoluta, que le lleva constantemente del pianissimo al fortíssimo. En esta ocasión y quizá para sacudirse algunos sambenitos dedica una especial atención a las vanguardias postweberianas y al apartado que representan las nacidas en Estados Unidos; algunas de las cuales marcan sus inicios como director del Grup Instrumental Català y precisamente aquellas frente a las cuales reaccionó para fundamentar su personal estética hace treinta años;
Este concierto introduce algunas experiencias cercanas a compositores como Henry Cowel - Cage siempre será un aparte, aunque también esté homenajeado-. De esta manera Santos en este nuevo concierto integra algunos de los insólitos recursos técnicos, como el uso controlado del "cluster", la experimentación tímbrica o la indeterminación, propios de estas llamadas vanguardias experimentales, como una forma de reivindicación de su normalización en el ámbito pianístico y musical en general. Su "no" anterior a las mismas no compartía motivos con el "no" que generalmente las ha proscrito. De ahí este "si" que, además de demostrar que con su versatilidad y experiencia todos los lenguajes pueden disfrutarse, puede desmarcarse del más sistemático error histórico del academicismo.

Josep Ruvira


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