

| Agustí
Fancelli, EL PAÍS, 21 de Mayo de 2005
Llega puntual la nueva dosis de Carles Santos, vitalista cual puro gin-sen, y de golpe se nos pasa la astenia. El de Vinarós ha vuelto a sus historias, a sus obsesiones, a su lenguaje, primitivo a ratos, intransferible siempre. Si en su penúltimo montaje (El compositor, la cantante, el cocinero y la pecadora) había roto su círculo de intimidades para adentrarse en la música de Rossini, ahora, como ya hiciera en La pantera imperial o en Ricardo y Elena, regresa a la introspección más descarnada, al prelenguaje de los sentidos. Pura ópera, sin otros aditamentos. Santos se despoja de imágenes proyectadas y de decorados pesados utilizados en anteriores propuestas para dejar pelados en escena a cantantes y músicos Músicos de viento, por supuesto: no sólo por deber identitario con una valencianidad insobornable, sino por motivos de estricta teatralidad: aparte de su fuerza escenográfica y sensual, un fagot, una trompa o una tuba pueden moverse mientras suenan (no así un violonchelo, como ya vino a demostrar Woody Allen en un hilarante gag). Y en el otro plato están las voces: a veces en lucha con los instrumentos, otras dejándose mecer líricamente por ellos, otras aún desmarcándose del canto para alcanzar las regiones del grito, el eructo o el suspiro. Santos vuelve a la sensualidad de la palabra declamada que llena la sala. |
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Joan-Anton Benach, LA VANGUARDIA, 23 de mayo de 2005 "La meua filla soc jo" descansa en una estricta arquitectura operística con sus arias, sus dúos y concertantes, y unos recitativos de ciertorelieve que tratan de iluminar el galimatías parental del argumento. De hecho, la quiebra más importante de las reglas del espectáculo lírico se halla en el comportamiento de la orquesta -diez músicos, ocho de ellos con instrumentos de viento-, que no se alberga en el foso tradicional, sino que se hace transitiva y entrometida en la acción. Que se descompone según exige cada situación. Que permite, incluso, al músico erigirse en figura clave del relato, como en el caso del hombre que creyó ser una tuba. |
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José A. Vela del Campo, EL PAÍS, 4 de junio de 2005 Santos tiene sus incondicionales recalcitrantes (más de los que parecen) y se ha instalado ya en la categoría de los indiscutibles, o de los clásicos, dentro de la minoría mayoritaria. No engaña a nadie. Su estética es una combinación de circo, falla, ópera de cámara incontrolada, cabaré erótico-mecánico, banda de pueblo ilustrada, tuba y langostinos con all i oli. Las madres en este espectáculo se redoblan en Xoxonia, Xoxania, Xixinia y Xixonia: estupendas todas ellas; como también el mayor carlessantista del reino, el tenor Antoni Comas (qué estupendo Capriccio, de Strauss, hizo en el Liceo de Barcelona en la noche de los tiempos), o el venezolano Iván García, de antojito. |
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Pare, filles i Esperit Sant(os), L'AVENÇ Per començar, Santos ha declarat arreu que l'espectacle del Lliure explica un procés vital i un procés de llenguatge. En efecte, més enllà del fil evolutiu, biològic i social, d'un humà, que permet introduir temes existencials de gruix (el pas del temps, el plaer, l'instint de destrucció, etc.), l'espectacle involucra una reflexió sobre les eines expressives que han intervingut en l'itinerari artísticovital del músic. S'entén, doncs, que en aquesta tessitura metalingüística Santos no actuï, no parli, no toqui directament, per això el penis de làtex amb què es retrata és també una mordassa i el seu perfil mira cap enrere i no cap endavant. Convertit, doncs, en espectador d'ell mateix, Santos ofereix un repàs sumari d'alguns dels procediments acústics que han bastit la seva obra: els sons guturals i la subtilesa afinada de les notes que combina l'imprescindible Antoni Comas, l'ús de les cacofonies i les recurrències discursives, la babèlica barreja d'idiomes, d'una banda, i de l'altra, el versàtil protagonisme concedit als instruments de vent al costat de les veus on la reminiscència del cant del gall o l'accent marcial poden mudar en melodies de tall quasi jazzístic o en ritmes de pas-doble i de vals... Uns instruments, a més, governats amb eficàcia per intèrprets de l'Escola Superior de Música de Catalunya, que en entrar en acció enriqueixen imaginativament el paisatge escènic i rememoren el cerimonial nòmada de les bandes. |