Claves  de  comunicación  en  la  música contemporánea:la fascinación interpretativa de Carles Santos.
  

Marta Cureses de la Vega  
Profesora Asociada del Dpto. de Arte y Musicología  
Universidad de Oviedo  


La problemática tradicionalmente asociada a las circunstancias adversas que dificultan el proceso de comunicación público-compositor en el ámbito de la música contemporánea es tan real como lo es una norma gramatical para la que existen numerosas excepciones. En el presente artículo proponemos precisamente una excepción fundamentada y demostrada a través de la figura de Carles Santos.   
   
En el marco de la música contemporánea, las dificultades de conexión, de comunicación, aparecen como una constante en las relaciones entre el compositor y el público. Han constituido, y aún constituyen hoy en día, un auténtico obstáculo en el proceso de acercamiento de la creación mas estrictamente actual al auditorio, sea este profesional o amateur, musicalmente especializado o no. Las razones que fundamentan esta desconexión podrían servirnos para llenar páginas y páginas en un intento de clarificar siquiera un poco las circunstancias en que se desenvolvieron los que afortunada o desafortunadamente - según qué casos - se han definido como "primeros movimientos de vanguardia". Una vanguardia desde luego ya histórica, en la que con toda seguridad seria inútil seguir militando. Otra cosa distinta es mantenerse firme en unos presupuestos estéticos, dignos del mayor respeto, sea cual sea la ideología que estos representen pues lo contrario iría en contra del carácter estéticamente heterogéneo que caracteriza a nuestra música de hoy.  

Puesto que la reflexión sobre dicha pluralidad estética - con resultados sonoros que oscilan de lo favorable a lo inadmisible (quizá a lo inaccesible) por parte de quienes escuchan - resultaría tediosa, bordearemos aquí el fárrago de cuestiones tan manidas proponiendo un ejemplo de éxito en el diálogo creación-comunicación, al que además se une el privilegio de la interpretación como circunstancia añadida: Carles Santos es compositor, artífice y protagonista de magníficos espectáculos que incluyen desde los montajes escenográficos más complejos hasta los conciertos para piano solista de la máxima austeridad. Dedicado desde 1978 principalmente a la interpretación de su propia música, ofrece creaciones que integran aspectos sonoros, visuales, dramáticos y un sinfín de elementos que perfilan su trayectoria artística de una manera tan rotundamente personal como genial, al tiempo que le definen como un comunicador nato.  

Para Carles Santos, en las dificultades de relación entre creación contemporánea y público, se pagan las consecuencias de muchos años de vivir culturalmente de cualquier manera. Desde sus primeras actuaciones manifiesta un claro deseo de superar el aburrimiento general que sufre el público, ampliando su horizonte de intereses hacia otros campos de creación. Así son decisivas sus aportaciones junto a otros artistas catalanes, pintores músicos y poetas, que integraron en su día el "Grup de Treball" unidos por la base de un planteamiento ideológico común y que conjuntamente llevarían a cabo importantes manifestaciones renovadoras en diversos campos pero especialmente -que es lo que interesa aquí - en el ámbito musical.  

I.- Actividades iniciales en el ámbito de la interpretación-composición.  
Carles Santos (Vinarós,1940) formado académicamente como pianista y compositor en el Conservatorio Superior de Música del Liceo de Barcelona, cursa allí estudios como alumno libre graduándose siempre con las máximas calificaciones y premios  extraordinarios. Posteriormente ampliaría sus estudios en París, tras conseguir el Premio del Gobierno Francés; completa su formación con los maestros Février, Casadesús, Magda Tagliaferro, Margaret Long y, especialmente con Harry Datymer en Suiza. Pronto manifiesta su interés especial por la música contemporánea, un interés siempre enfocado a través del piano, primeramente como intérprete y luego como compositor. Su carrera como pianista profesional reconocida con premios internacionales en Latinoamérica y Europa, se inicia en el año 1961; hacia 1963 ofrece en Barcelona diversas interpretaciones de algunas de las obras de Bartok, Schoenberg y Webern que entonces eran aún poco o nada conocidas. En esta misma época compone e interpreta la parte musical del Concert Irregular de Joan Brossa - estrenado en Sant Paul de Vence, Barcelona y Nueva York para conmemorar el 75 aniversario del nacimiento de Joan Miró - una creación de teatro musical sobre guión de Brossa, por encargo de la Fundación Maeght.  

La grabación de su primer disco se realiza en 1975, en el que se incluyen obras de John Cage, Anton Webern y Karlheinz Stockhausen, entre otros compositores. Desde 1976 hasta 1979 dirige el Grup Instrumental Catalá (G.I.C.), agrupación de música contemporánea -fundada por Carles Santos y Mestres Quadreny - patrocinada y con sede en la Fundación Miró de Barcelona. La concesión de una beca de la Fundación March en 1968 le permite trasladarse a Estados Unidos, donde trabaja la composición con algunos de 105 nombres más importantes de la vanguardia musical americana. Obtuvo el Deutscher Akademiscu de Berlín en 1986, como becario de la Deutscher Akademischer Austauschdienst, para vivir como compositor residente en Berlín. En este mismo año graba su disco “Perturbación inesperada”, y en 1990 recibe el "Premi Nacional de Composició de la Generalitat de Catalunya". Desde 1978 se dedica a interpretar exclusivamente su música, presentando sus obras en conciertos-espectáculos en los que alterna piano, voz, películas movimiento y acción teatral. Esta predilección por las artes plásticas y el cine se había manifestado igualmente desde bien temprano: colabora con directores de cine como Pere Portabella, Jordi Cadena, Gonzalo Herralde o Carles Duran y en su haber cuenta la realización de música para un número importante de películas, así como la filmación de más de una decena de cortometrajes.  
En 1981 editó en Nueva York un nuevo disco con obras vocales propias, bajo el título Voice-Tracks, y en 1984 Piano-Track, que contiene sus más recientes obras para piano compuestas hasta aquel momento. Sin embargo a Santos no le gustan los discos: "los hago porque es como una tarjeta de visita, de alguna manera estoy obligado a hacerlos. Pero lo que me gusta es el directo hasta sus últimas consecuencias, por eso ni siquiera hago descansos. En un espectáculo en directo te arriesgas cada vez, pasan cosas, sudas, te cansas y estás ante un público que oyes y sientes. Yo en realidad vivo de esto, es mi trabajo. Vivo totalmente de cara al público”.  

II.- El piano como medio determinante del proceso  
El piano ocupa una posición central vital, en la producción artística de Carles Santos: desde la óptica interpretativa, desde la composición, integrado en sus espectáculos o en sus creaciones cinematográficas. En 1977 realiza un film, "El pianista i el Conservatori" satirizando su etapa de alumno - y es en calidad de pianista como se desplaza hacia otros ambientes culturales, como París y Nueva York; en este sentido debe señalarse que Santos es, sin duda, uno de los compositores que más ha difundido su música fuera de España. Como pianista ha intervenido en innumerables festivales nacionales e internacionales de los que es imposible dar cuenta completa aquí, aunque deben mencionarse, al menos, diversas ediciones del Festival d'Automme (París), Wintermusic 82 (Karlsruhe), Fundaçao Gulbenkian (Lisboa), Musicalia (Milán), Jazz Festival (Moers), Festival Música Nova de Santos (Brasil), Foro Internacional de Nueva Música (Méjico), Music Theatre Festival (Londres), Bienal San Juan de Puerto Rico, Zuerche Theater Spektakel (Zurich), New Music America 83 (Washington), Festival Internacional de Música Electroacústica (Cuba), etc. Debe hacerse notar, no obstante, que en los inicios de su carrera ha existido una cierta incomprensión del verdadero significado de su creación, de su actitud como intérprete y como compositor, por parte de un sector de crítica y público cuyos esquemas resultan ser, a todas luces, caducos. Fue ésta una circunstancia que, seguramente, no ha dejado de alegrar al espíritu genial del pianista y músico integral que ha demostrado ser el compositor castellonense, fundamentalmente porque el tiempo ha venido a situar a unos y otro en el lugar que corresponde. Carles Santos ha declarado en múltiples ocasiones que el piano es el auténtico origen de su formación artística y el centro de todas sus actividades musicales, aun siendo este medio uno entre los muchos que utiliza en sus trabajos. Por esta razón, con motivo de la presentación del disco que recoge su obra para piano, Piano Track -tras haber grabado las Voice tracks dedicadas a su producción musical para voz - manifestaba: “Tocando el piano he representado 74 personajes diferentes incluido el hombre invisible, lo he empujado por las calles de Barcelona e, incluso un día me lo llevé a altamar para estar sólo con él en mi espacio favorito. En resumen, hemos decidido envejecer juntos. Mi música y en este caso mi música para piano, a pesar de haber sido un apasionado y fiel intérprete de la llamada (entre comillas) música contemporánea, pretende desmarcarse de este movimiento ya caduco para inscribirse en una nueva línea de recuperación del instrumento con todas sus posibilidades expresivas. En resumen, el "placer" de tocar y dar "placer" tocando.”  

En aquel momento era su deseo ofrecer una interpretación tan auténtica como original de sus páginas para piano, manteniendo una versión ajena a la habitual manipulación que exige este tipo de realizaciones en favor del calor que aporta el público con su presencia y en contra del frío e impersonalidad que conlleva una grabación realizada en un estudio. Hablar de obras como Armandino 77, La nit americana, Una nit avant de la nit americana, Pianolerolerolero-lalero o la celebradísima página Bujaraloz by Night - definida por la crítica como "el nocturno más nocturno después de los de Chopin" - requeriría un espacio muy amplio, tanto por el valor intrínseco de cada una de ellas como por el sentido y lógica que confieren, en su conjunto al total de su producción sonora.  

En definitiva el poder de comunicación que Santos quiere transmitir en esencia, puede sintetizarse en una de sus más rotundas afirmaciones, prueba de la fuerza y del significado que este medio adquiere en su obra: "Con piano o sin piano, siempre está el piano".  

III.- Primeras manifestaciones radicales  
Las connotaciones políticas y la oposición a la "vanguardia oficial" no es algo que pueda ignorarse a la hora de considerar la personalidad artística creadora, de este compositor. Igual que parece imposible disociar a Carles Santos de su obra; ambos deben considerarse como un todo único. Sus actividades comienzan en un momento de conflicto sonoro y Santos no está dispuesto a asumir una interpretación única de los acontecimientos musicales. No necesita esgrimir coartadas teóricas que justifiquen su opción, simplemente quiere demostrar que su creación es un ejercido insobornable de libertad.  

En el año 1967 protagoniza un concierto en la barcelonesa Sala Lluis Millet que produce una repercusión crítica verdaderamente importante, una demostración de su auténtica y apasionada toma de postura en el panorama musical del momento, que viene a enfatizar la trascendencia que ya preludiaba su actuación. Pero el impacto que causó su intervención en el ya famoso concierto - puesto que prácticamente no hay artículo o semblanza realizada sobre la figura y personalidad de Santos que no incluya esta alusión - que se celebró en marzo de 1970 en el Instituto Francés de Madrid, fue mucho mayor: durante aproximadamente dos horas estuvo interpretando la conocida Piano -Phase de Steve Reich en todas sus posibilidades, con lo cual se limitaba a una ejecución estrictamente fiel de la partitura completa de Reich, si bien con ello impedía el estreno de Móvil H de Luis de Pablo, que debería haber interpretado en la segunda parte el pianista Claude Helffer. Finalmente, en un clima de escándalo - mezcla de euforia e indignación - fue sacado del escenario. La actitud de Santos no era sino un deseo de protesta contra cierto tipo de vanguardia la "vanguardia oficial", sin duda, puesto que él mismo ha admitido todo tipo de vanguardias, incluso aquellas que no le gustan o con las que no se identifica; en todo caso, y como anunciaba la crítica al día siguiente: "la vanguardia instituida caía herida de muerte”.  

Esta suerte de respuesta, de toma de postura clarísima frente al panorama artístico general - y especialmente el musical - que se vivía en aquellos años, llega a convertirse en uno de sus gestos más frecuentes de manera que viene a ser una especie de revulsivo con un significado muy concreto, en un momento muy concreto. Desde su perspectiva actual, aquella etapa ha pasado a la memoria de su protagonista como práctica asumida con la significación real que tuvo entonces, en una época de teorización sobre la práctica del arte, muy crítica y muy saludable si se quiere" - como él mismo ha dicho- pero que hoy prefiere dejar como algo pasado. Por este mismo motivo no puede extrañarnos encontrar a Carles Santos en el marco del "45 Festival Internacional de Música y Danza de Granada", presentándonos un sugerente concierto bajo el epígrafe de “El mundo pianístico de Manuel de Falla: Influencias y homenajes”, en el que ofrece obras de D. Scarlatti E. Grieg, F. Poulenc, G.F. Malipiero, J. Nin-Culmeil, R. Halffter y R. Viñes.  

Así pues, y con una orientación de tintes distintos a los de entonces, Santos mantiene a lo largo de su trayectoria posterior una actitud de base temperamental tan sumamente rica en matices que le permite combinar esas dos caras que convienen en complementarse para configurar una personalidad extraordinaria: el creador genial, ingenioso, audaz y provocador, siempre dispuesto a sorprender, a empujar a su público a la acción, con el Santos serio, reflexivo, absolutamente riguroso para con su propia creación. Esta característica ha sido perfectamente interpretada, traducida por la crítica en múltiples ocasiones; Carles Santos magnifico, infinito en su capacidad de sugerencia, las más de las veces provocadora, a través de sus espectáculos y Carles Santos extraordinario cuando se enfrenta a su piano, completamente solo, prescindiendo incluso de partitura - la partitura no es imprescindible, puesto que con frecuencia representa un elemento distanciador, y él quiere ofrecemos su imaginación en carne viva -sin aditamentos que empañen su general reconocimiento como autor de algunas de las páginas más interesantes del panorama musical contemporáneo. De ahí que su empeño en comunicarse con el público le haya convertido progresivamente en un creador más y más exigente consigo mismo.  

IV. Interpretación personal del concepto de minimalismo  
Santos se encuentra cronológicamente a caballo entre dos generaciones. Como compositor se inclina siempre hacia nuevas propuestas, y más allá de la interpretación, decide engrosar las filas de los compositores, del ámbito de la creación más estrictamente de vanguardia, que se desarrolla durante los años setenta. Casi inmediatamente su línea de actuación se sitúa entre esos movimientos renovadores que se desarrollan a lo largo de aquella década. Tom Johnson ha denominado minimalismo romántico al trabajo de Santos, tanto por el apasionamiento como por el material con el que trabaja su música. Una nutrida capa de "inclasificables recursos - como dice Llorenç Barber - bajo la que Carles Santos disfraza el rigor de su trabajo".  

La figura de Santos es fundamental en todos los movimientos vanguardistas de los setenta. Quizá sea también rastreable la influencia de los presupuestos promulgados por la llamada "segunda vanguardia", reminiscencias del "Body Art", y sobre todo de un minimalismo primigenio que él ha sabido transformar en un concepto minimalista nuevo. Sin embargo, y a pesar de que su forma de entenderlo y practicarlo ha sido definida utilizando diversos calificativos -minimalismo hispánico, minimalismo romántico, minimalismo heterodoxo, y una amplia gama de adjetivos que han querido adivinar la clave de su contenido más esencial - también es verdad que, como él mismo ha dicho a propósito de los juicios emitidos sobre su obra, "hablar de minimalismo no es afinar mucho; las suites de Bach son minimalismo puro , una afirmación muy próxima a la de quienes han venido a considerarle como el más bachiano de los compositores actuales. Su minimalismo cuida mucho los aspectos expresivos para no mecanizarlos, puesto que en ellos es en los que se apoya su dinámica y su labor como intérprete. Si es posible estimar que sus temas estén construidos con una inspiración romántica que le permite imprimirles un grado máximo de emotividad a partir de un material "mínimo" - como podría deducirse de la interpretación que califica su minimalismo de "romántico" y que Tom Johnson hace derivar del apasionamiento con el que trata el material sonoro - también debe tenerse en cuenta un importante matiz, señalado por Llorenç Barber, que sitúa el minimalismo de Santos, frente a otros como el de Juan Hidalgo, en una línea más cálida y llena de narratividad.  

Todo ello resulta más evidente a través del espectáculo más insólito que Carles Santos puede ofrecemos: sus recitales de piano sólo.  

V. -Los espectáculos y la conexión con el público  
El problema que supone el distanciamiento del público, en general, frente a la música contemporánea es uno de los pilares fundamentales de la construcción ideológico-sonora que se plantea Carles Santos desde el mismo momento en que aborda la composición, consciente de este hecho a través de su experiencia como intérprete de este tipo de música. Quizá por este motivo, y ya desde sus primeras creaciones, esta cuestión parece constituir una de sus principales preocupaciones.  
"Se quejan de que la gente va poco a los conciertos - dice Santos - pero es lógico: el público tiene una intuición válida. Hay medios de comunicación que pasan con el tiempo porque ya no sirven, y si has de comunicar con un público que no acude quiere decir que al medio le falta algo. El problema es que nuestros vanguardistas contemporizan con esto, lo que es un error. Habría que crear una situación nueva, una nueva circunstancia en la que el público encontrara otros puntos de referencia".  

Resultaría imposible llevar a cabo en pocas líneas una síntesis de sus realizaciones en el ámbito del concierto-espectáculo. Cada una de ellas requiere un espacio propio, sin embargo podría destacarse su Tramuntana Tremens, montada sobre doce secuencias que no guardan relación entre sí, rompiendo toda variación posible sobre el concepto clásico del espectáculo musical. Aquí, Santos consigue rescatar al coro de su habitual papel de segundón en la ópera y la música sinfónica, transformando a sus integrantes en actores y bailarines que cantan y actúan suspendidos en el aire, mientras el compositor canta y sumerge su cabeza en el agua. Tramuntana Tremens, estrenado en Barcelona en 1990 y posteriormente puesto en escena en el Teatro Ordenó de París, ha sido descrito como una furia alegre, una enorme sacudida, que para su autor resulta ser un divertimento musical, pero en el que además obtiene estupendos resultados de la situación teatral que siempre persigue en sus montajes. Visca el piano, Qué no donaría jo per una miqueta de sol, Minimalet, minimalet, o Arganchulla, arganchulla-gallac son solamente algunos de los títulos de espectáculos concebidos y organizados por Santos durante la década de los ochenta.  

Promenade Concert, compuesto y dirigido por Carles Santos y Xavier Olivé y estrenado en 1993 en la Fundación Miró de Barcelona con motivo del centenario del nacimiento del pintor catalán, nos presenta a un Santos director situado en un andamio en el exterior del edificio desde donde dirige a dieciocho profesores - diseminados por diversos lugares del recinto - que siguen sus pautas a través de monitores individuales; la larga cola del traje de la soprano resulta ser además excelente alfombra roja para dar la bienvenida a los asistentes. Promenade Concert ha sido seguramente una de sus creaciones más exitosas, con afluencia de un público tan numeroso como interesado en la obra del compositor de Vinarós. Otra de sus más celebradas creaciones, La grenya de Pasqual Picanya (Assessor Jurídic-Administratiu) es un magnífico espectáculo con grandes dosis de ironía, una característica ya habitual en su obra escénica: "Hay ideas, ironía y hallazgos - escribe Tomás Marco a propósito del estreno de La Grenya -pero hay, sobre todo, impecabilidad de resultados. Es inútil evocar las músicas de Corner, Glass o Johnson ni el teatro de Wilson o Bausch. Santos hace puro Santos y eso es importante e inconfundible, porque, por encima de coger la onda internacional, hay una proposición muy a la ibérica e incluso a la valenciana. Lo que no sólo no es malo sino su razón de ser y su verdadero valor además de que el público se lo pasa bien y salimos por una vez de tanta rutina disfrazada de gran música." La personalidad de Santos es, pues, la única y posible referencia en el análisis de sus obras.  

Así en su ópera Asdúbila, que se presenta como un drama circular repitiéndose hasta el infinito los personajes convienen en ser tan antiguos e intemporales como las pasiones que les dominan. Con Asdrúbila se revela un nuevo aspecto de su personalidad creadora que ha aumentado aun más el éxito entre crítica y público. Y lo mismo podría decirse de títulos mas recientes en su producción como L´Esplendida vergonya del fet mal fet, La porca í vibratica tecluria, Santos a banda, com l'arrós o Fígasantos - Fagotrop, mitssage al contestador soparem a les nou, esta última en un intento de diluir los límites que demarcan las fronteras del arte musical y escénico.  
Enemigo del hermetismo sonoro, siempre interesado por las relaciones entre música y auditorio, Santos se encuentra más cómodo entre el público actual, menos crítico que el de su primera época, pero más amplio, más nuevo, con el que se siente mejor. Es un público que a su juicio - y riesgos de modas al margen - tiene más información y asimila mejor cualquier tipo de propuesta o lo hace con más humor.  

Carles Santos no ejerce sus actividades artísticas por separado. Con frecuencia se ha señalado su talante perfeccionista como compositor e intérprete, y una de las definiciones del artista de Vinarós realizadas con mayor dosis de humor es la que le describe como un "Wagner bajo el efecto de las anfetaminas". Sin embargo, si hubiese que elegir una entre tantas como se han realizado, la más acertada, por resumir la esencia misma de su personalidad, es la que hace años ofrecía el profesor Angel Medina, para quien Carles Santos es "un músico las venticuatro horas del día".  
Como buen analista del proceso de comunicación Santos sabe transmitir la relación emocional intensa que le implica con su propia obra. Sus puestas en escena, consideradas como mensajes intelectualmente impecables, logran hoy rescatar las claves sonoras necesarias para establecer un diálogo sonoro auténtico surgido de un impulso narrativo igualmente verdadero. El exorcismo estético, necesario en un momento histórico - ya tan lejano - de conflicto sonoro, se ha convertido hoy en elemento superfluo para este genial comunicador de vocación irreductible.  


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