Un texto de Clémence Coconnier

LA GOTA Y ROSSINI

Para esta creación sobre la música de Rossini, Carles Santos, ha desplegado todo su universo estético y musical alrededor de un elemento: la gota de agua.

El agua revela la materialidad, lo que hay de orgánico en los cuerpos

El agua es recurrente en los espectáculos de Carles Santos… En El compositor, la cantant, el cuiner i la pecadora aún hay más!. Fluidos que se deslizan dentro del cuerpo (en nuestros tubos, nuestros órganos), que salen del cuerpo (sus secreciones): para Carles Santos, el agua materializa este aspecto tan físico y tan orgánico de los cuerpos y de la materia.
La música, en la imagen de la tormenta, se lo lleva todo con su estela: en su flujo distinguimos menos las formas de los cuerpos -sus contornos-, que su organicidad: alguna cosa se mueve, alguna cosa fluctúa en todo este magma de materias y de formas.

Los fluidos atraviesan los cuerpos. Se nos revelan como cuerpos vivos, cuando expulsan secreciones: el cuerpo es un organismo dentro del que entran, circulan y salen. La más explícita de las secreciones es la de su goce- las eyaculaciones del Cocinero en las manos de la Pecadora… son también los chorros del piano provocados por los golpes de pedal del Compositor: el piano también es un organismo vivo; acariciado, tocado por el Compositor, emana sonidos, notas, música… y agua: vida. El agua materializa lo que vive dentro del cuerpo: lo hace visible, palpable.

El agua resuena sobre los cuerpos, dentro de los cuerpos. De la precisión de la gota dentro de la mano de la Cantante, a los borbotones de agua en la boca del Cocinero, pasando por la pelvis más frívola de la Pecadora, la gota se pasea por los cuerpos, para dibujar otra anatomía. En los espectáculos de Carles Santos, los sonidos que emergen atraviesan los cuerpos de los cantantes. En estos solos, cada gota materializa el punto del cuerpo que es motor, disparador del canto: el lugar desde donde se propaga el canto.

El agua no es nunca un elemento frío. En contacto con el calor, y el efecto que este produce, lo exacerba - del fuego que vive en los cuerpos, a aquel que hace temblar el agua en las ollas: la cocina - como la cama- es el lugar de esta alquimia.

La gota de agua para visualizar la nota, el ritmo

El punto de partida del proceso de creación del espectáculo ha sido la gota de agua: a partir de este elemento ínfimo - ¿qué es una gota? ¡algunos milímetros cúbicos de agua!- Carles Santos ha escogido las músicas, imaginado las secuencias.

¿Por qué precisamente la gota de agua -un elemento minimalista- para abordar Rossini? La música de Rossini se caracteriza más por su andante, su abundancia, su generosidad que por su minimalismo… Quizá si uno llega al infinitesimal, puede después agrandarlo todo o encogerlo (la música, las imágenes) tal como se quiera… Con esta imagen de la gota, Carles Santos nos llevando hasta la esencia de la música de Rossini: su ritmo, a partir del el cual él ha escrito todas estas notas.

Las gotas son un equivalente escénico de la nota. Caen como un metrónomo: debajo de ellas, los cantantes van calándose. Una gota, otra, una tercera: esto forma una métrica. Uno puede, hasta, divertirse oyendo las gotas en el canto: los juegos de las palabras, de la boca y de onomatopeyas que son como gotas dentro de la palabra, exacerbando así no solamente la materialidad de los cuerpos, sino también los sonidos.

Gota a gota, el espectáculo se despliega. Según la cadencia, se pasa de escenas muy concentradas a escenas muy extrovertidas. Un hilillo de « Barbiere », una punta de »Stabat Mater », algunos dúos y arias de óperas, una sonata para cuerda que Rossini escribió a la edad de 11 años… de la primera imagen de la gota de agua que bota, al final- que es también la última música escrita por el compositor-, Carles Santos nos lo hace probar a ritmo de Rossini.

Los fragmentos de Rossini y las composiciones de Carles Santos se encadenan según una lógica musical. De la gota sola, al hilillo de agua, o a un chorro, al chaparrón y a la tormenta, los diferentes caudales de agua permiten visualizar el tempo de la música. La escritura escénica y musical se entrelazan con el ritmo.

Lógica de la gota de agua: allá donde se trata de dejarse llevar por el flujo de la música

¿Una historia? ¡ Sí, claro, historias: de amor, de parejas, de pasión! El compositor, la cantant, el cuiner i la pecadora : a partir de estos puntos fijos todas las combinaciones son posibles. Las relaciones entre estas cuatro figuras son fluctuantes; no cesan de enrollarse y desenrollarse como una espiral, hasta el punto que ya no se sabe muy bien quién está con quién, quién engaña a quién, quién es la madre, la hermana o el padre de quién… Y finalmente es poco importante el hilo de la narración- si es que hay uno: lo que importa aquí es la música, que se despliega al gusto de las gotas.

El agua -la música- desborda todas estas pequeñas anécdotas. Se trata de dejarse llevar por la música que se lleva todo a su paso, como una tormenta. Una tormenta que no es en ningún modo devastadora, sino que comunica su energía, su flujo, su goce: lleva dentro un estado.

Carles Santos explica otra historia que atraviesa toda la música de Rossini. Alrededor de esta obsesión de la gota de agua, nos ofrece para ver y sentir el ritmo, el tempo de su música…como golpea. Las gotas son como pulsaciones, palpitaciones: van directas dentro del cuerpo.


Clémence Coconnier


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